El impulso global a favor de los buques de superficie autónomos marítimos (MASS, por sus siglas en inglés) se está acelerando, y la Organización Marítima Internacional (OMI, por sus siglas en inglés) está actuando con decisión para apoyar la evolución del transporte marítimo autónomo hacia una realidad práctica y comercial.
Tras un extenso periodo de consultas, el debate ha madurado y la atención se ha desplazado de las ideas iniciales de buques totalmente no tripulados a un espectro más realista de operaciones supervisadas, autónomas y con apoyo remoto. Esto refleja una comprensión cada vez mayor de que la autonomía no es un destino único, sino un proceso continuo que aún depende de la intervención humana, tanto a bordo como en tierra.
La evolución gradual de MASS ha llevado al sector a reflexionar detenidamente sobre los aspectos regulatorios, técnicos y humanos de la autonomía. Asimismo, pone de relieve la responsabilidad que recae sobre los organismos reguladores de ejercer una supervisión rigurosa.
La adopción por parte de la OMI en mayo de este año del Código Internacional de Seguridad para Buques de Superficie Autónomos Marítimos (Código MASS), de carácter no obligatorio, está diseñada para apoyar la integración segura de los buques comerciales autónomos y operados a distancia en el transporte marítimo mundial.
El Código MASS establece un marco integral basado en objetivos para ayudar a garantizar que los buques controlados a distancia o autónomos se diseñen y operen con un nivel de seguridad, protección y medioambientales comparable al de un buque convencional, y teniendo en cuenta los futuros requisitos de cumplimiento.
Durante la elaboración de la normativa, la Asociación Internacional de Sociedades de Clasificación aportó información crucial y orientación técnica sobre las realidades operativas de esta innovación tecnológica.
Autonomía adecuada para su propósito
Para los armadores y operadores de buques, la autonomía no siempre es el objetivo final ni el único estado final, sino más bien una herramienta que puede aplicarse en diferentes niveles según las necesidades operativas. En ese sentido, un mayor nivel de autonomía no siempre es mejor. El nivel adecuado depende del contexto operativo, el perfil de riesgo y la intervención humana requerida, y las distintas operaciones pueden exigir diferentes grados de autonomía.
La autonomía es un proceso continuo, y sus avances graduales deben desarrollarse mediante una progresión progresiva centrada en la seguridad, que introduzca nuevas capacidades en fases controladas. Los primeros pasos pueden basarse en sistemas avanzados de apoyo a la toma de decisiones no autónomos, como la monitorización automatizada, las funciones de asesoramiento y otras herramientas inteligentes que mejoran el conocimiento de la situación en todos los sistemas del buque.
A medida que aumenta la experiencia operativa, se pueden introducir gradualmente mayores niveles de autonomía, desde funciones de apoyo a la toma de decisiones hasta capacidades más autónomas en múltiples ámbitos a bordo del buque.
Los requisitos técnicos y reglamentarios que aplican un enfoque gradual proporcionan garantías, pruebas y validación progresivas en cada etapa, lo que en última instancia respalda el aprendizaje a partir de la experiencia del mundo real, al tiempo que genera confianza entre la tripulación, los operadores, los reguladores y otras partes interesadas.
Superando las brechas en la ingeniería de factores humanos y la formación.
La ingeniería de factores humanos (HFE) sigue siendo uno de los desafíos más importantes en el avance hacia las operaciones marítimas autónomas. Si bien muchas tecnologías emergentes deben considerar cómo influyen en la actividad humana, la autonomía se basa fundamentalmente en la participación humana. Cada función autónoma interactúa con la toma de decisiones, la supervisión y la intervención humanas, lo que significa que el factor humano no puede considerarse secundario.
Las deficiencias actuales en el diseño de factores humanos para operaciones autónomas incluyen una atención insuficiente a cómo las personas supervisarán, interactuarán e intervendrán en los sistemas autónomos. También existe una falta de definiciones claras o de un criterio común para evaluar las soluciones de navegación autónoma.
Además, el ritmo del desarrollo tecnológico supera la capacidad de adaptación del personal a bordo. Las habilidades, competencias y programas de capacitación no han evolucionado al mismo ritmo que los sistemas que se implementan. Esto crea una brecha cada vez mayor entre las capacidades de la tecnología y la preparación del personal. Sin una inversión específica en capacitación y un diseño centrado en las personas, esta brecha seguirá creciendo.
La verificación y la validación siguen siendo fundamentales para garantizar la seguridad de las tecnologías autónomas. Las pruebas tradicionales por sí solas no pueden abarcar la totalidad de los escenarios que un sistema autónomo puede encontrar en el mar.
Como herramientas esenciales, las pruebas virtuales y la simulación de puentes, tanto a nivel de sistema como de misión completa, permiten a los desarrolladores y evaluadores explorar casos extremos, condiciones de estrés y eventos poco frecuentes que serían difíciles o inseguros de reproducir en ensayos físicos. Al combinarse con pruebas en el mundo real, esto crea una visión más completa del rendimiento del sistema.
Para mejorar la transparencia, la coherencia y la confianza, los marcos estandarizados de pruebas y evaluación virtuales podrían contribuir a una evaluación más consistente del rendimiento del sistema, al tiempo que generan datos para respaldar la toma de decisiones regulatorias para MASS.
Simulador de entrenamiento marítimo. Crédito: Adobe Stock/evannovostro